lunes, 19 de octubre de 2009




Una vez más, Interlagos ha sido el escenario de la proclamación de un nuevo campeón del mundo. Y van cuatro: Alonso, Räikkönen, Hamilton y Button. La carrera, sin desperdicio de principio a fin, confirmó que la Fórmula 1 sigue estando viva, por mucho que se empeñen en enterrarla. Sólo Jenson tenía el “botón” de la victoria. Y, por supuesto, no dudó en apretarlo.

La carrera brasileña sobre el vetusto pero todavía único circuito de José Carlos Pace deparó, como viene siendo habitual, emociones y espectáculo a partes iguales. Ya desde la salida, siempre peliaguda, se sucedieron los primeros incidentes. Barrichello defendió bien su primera posición, mientras que Räikkönen se tocaba con Sutil para hacerse con la tercera.

Muchos problemas para Mark Webber a la hora de defender su segundo lugar en la primera frenada, pero mayores complicaciones incluso para Kovalainen que, tocado por Vettel, hacía un trompo obligando a Fisichella a salirse de la pista.

Traspasada la primera ese del trazado, la recta de las tribunas se presenta como una oportunidad a los primeros adelantamientos, sobre todo en la frenada del Lago. Ahí lo intentó Räikkönen sobre Mark Webber, pero el australiano defendió agresivamente el interior. Kimi no pudo frenar a tiempo y dañó su alerón delantero. Pedro de la Rosa aseguraba durante la retransmisión que Mark Webber y el debutante Kobayashi merecían una penalización por sus respectivas maniobras defensivas frente a Räikkönen y Nakajima.

Pero no era la primera vez que un piloto hacía tal maniobra. En 2002, Michael Schumacher defendió su primera posición en la salida exactamente en el mismo lugar y exactamente de la misma manera: zigzagueando por toda la pista, lo que provocó el choque con Montoya y la rotura del alerón delantero de su Williams. Michael tomó la recta por su derecha, luego cruzó la pista hasta el extremo izquierdo (hasta la misma línea blanca) para retomar a la parte derecha en la frenada. No hubo penalización para el alemán, por lo que tampoco cabía esperarla ahora contra Webber ni contra Kobayashi. Y así fue. Se trató de una maniobra de carrera más, como el toque entre Trulli y Sutil, que provocó un impresionante y extremadamente largo accidente que, de carambola, acabó también con la carrera de Fernando Alonso.

Trulli intentó adelantar al Force India por el exterior de la salida de la curva del Lago, sobre el mismo bordillo. El Toyota se desequilibró al retomar el asfalto, provocando una sacudida tan violenta que Jarno no la pudo controlar. En el trompo, el Toyota impactó violentamente contra el Force India, sacándolo de la pista por el lado opuesto. Trulli se estrelló contra el muro, mientras que Sutil recorrió toda la escapatoria de hierba sin poder frenar. Con el coche dañado y fuera de control, regresó a la pista justo cuando por ahí pasaba el Renault de Fernando Alonso, que no pudo evitarle. El choque no hirió a nadie, pero provocó un monumental e injustificado enfado de Trulli contra Sutil que, perplejo, trataba de dialogar con él, pero sin conseguirlo. Imágenes que casi recuerdan a la pelea entre Nelson Piquet (padre) y Eliseo Salazar en el Gran Premio de Alemania de 1982, sobre el antiguo Hockenheim. Esta vez, afortunadamente, no hubo ni puñetazos ni patadas.


¡Qué bonita es la Fórmula 1!

El coche de seguridad y las entradas a boxes de Räikkönen (para cambiar el alerón destrozado) y de Kovalainen (para cambiar de estrategia), no sirvieron para calmar los excitados nervios: el encargado del repostaje de McLaren le dio la salida a Heikki antes de tiempo, cuando la manguera aún estaba enganchada, y éste se la llevó puesta derramando litros de combustible. El caliente motor del Ferrari de Kimi (que salía justo por detrás) hizo el resto: la bocanada de fuego puso los pelos de punta, pero afortunadamente se extinguió por sí misma. Fueron los mecánicos de Brawn GP los que desengancharon la manguera colgante de Heikki, en medio de una confusión absoluta.

El coche de seguridad permaneció en pista más tiempo de lo necesario (siguiendo la política de la FIA que, a la primera de cambio, le ordena neutralizar la carrera). Cuatro vueltas más tarde, Barrichello reinició la carrera sin problemas. Por detrás, los adelantamientos y las luchas fueron preciosos. La primera, la de Kubica sobre Rosberg a final de la recta principal. Justo después se inició la genial remontada de Jenson Button, dispuesto a alzarse con el título mundial antes de que el fin de semana terminase.

Grosjean protegió el interior de la misma manera que antes hizo Webber, así que el británico tuvo que esperar sólo una curva más. Por detrás, Vettel no quería perder el ritmo, y se pegaba al único Renault superviviente. Adelantarle fue fácil, en la antepenúltima curva del trazado. Button, que parecía seguir la evolución de Vettel a sus espaldas, reaccionó pasando soberbiamente a Nakajima, de nuevo a final de recta. Su ascenso se detuvo entonces, frenado por un inesperadamente competitivo Kobayashi. El debutante de Toyota plantó cara al ya campeón del mundo, vuelta tras vuelta, como un auténtico experto. Toda la belleza de la Fórmula 1 se materializó en duelos y luchas espectaculares. Y eso que la lluvia no hizo acto de aparición. Quizá no sea casualidad que donde más luchas de este tipo hay sea en circuitos sin la firma de Herman Tilke. Algo en lo que pensar…


Duelos

Otro que iniciaba ahí una remontada espectacular fue Lewis Hamilton. Desde su decimoséptimo lugar en parrilla adelantó a Alguersuari y a Grosjean como si fueran doblados. Vettel lo intentaba sobre Nakajima en la siguiente vuelta, pisando la hierba en Ferradura y estando a punto de perder el control. Mucho más tranquilo rodaba Barrichello en su primera posición, seguido a menos de dos segundos de Webber. El duelo se centró entonces en Kobayashi y Button, en lucha por la sexta posición. Pero el japonés aguantó con firmeza, sin cometer errores y con pulso de hierro, con maniobras defensivas muy prometedoras.

Mientras Grosjean perdía posiciones a cada vuelta, Trulli pedía justicia frente a los micrófonos de los incrédulos periodistas. Jarno perdió los nervios y, seguramente, la razón en una maniobra en la que él fue el único responsable, pues fue él el que perdió el control de su monoplaza, impactando contra Sutil, que le dio el espacio suficiente para mantenerse en carrera. Y es que esto no es un simple desfile de bailarinas.

Kobayashi, la revelación del año

El ritmo de Barrichello era de más de medio segundo más rápido que su compañero de equipo, Jenson Button, y unas dos décimas más veloz que Webber. Aún así, la menor carga de combustible le hizo ser el segundo en parar, una vuelta más tarde que Heidfeld, en la vuelta veinte. Su reincorporación a la carrera le costó la victoria, pues el tráfico le estropeó la táctica, con un Vettel muy agresivo adelantándole a la primera de cambio.

El alemán, queriendo resarcirse de su error al tratar de adelantar a Nakajima en el mismo lugar, completó esta vez sí una arriesgada maniobra pisando la línea límite del asfalto. Algo parecido hacía Button, que al fin adelantaba a Kobayashi al final de la recta, pero se pasaba de frenada y tenía que volver a quedarse tras el Toyota.

Absurdas resultaron las quejas de Jenson por la radio del equipo, quejándose de la maniobra defensiva de Kobayashi, que no pudo ser más limpia y bonita. Sólo una vuelta más tarde, en el mismo lugar, Button lograba (ahora sí) el sexto lugar que tanto esfuerzo le estaba costando alcanzar. El listón de Kobayashi quedaba bien alto. Y no sólo eso: justo una vuelta más tarde nos hizo recordar aquella preciosa maniobra de Juan Pablo Montoya sobre Michael Schumacher, en el Gran Premio de Brasil de 2001. Un auténtico rueda contra rueda, con los neumáticos levantando la tierra fuera del asfalto, luchando cara a cara y sin jugarretas extrañas.

Nakajima adelantó a Kobayashi antes de la recta principal. Pero el de Toyota no se amedrentó, y le cogió el rebufo en la frenada de la primera curva. Por el exterior, Kobayashi le achicó sin contemplaciones, usando todo el asfalto y los bordillos, hasta recuperar su posición al inicio de la recta de atrás. Al grupo se unió Sebastian Vettel en la frenada del Lago en una imagen que hacía tiempo que no se recordaba: tres coches prácticamente en paralelo luchando como auténticos jabatos. A pesar de todo, las posiciones se mantuvieron, y Kobayashi volvió a sorprender con su pulso firme, agresivo y, al mismo tiempo, limpio.

La maldición de Barrichello en Interlagos

El repostaje de Webber en la vuelta veinticinco, tras marcar buenos tiempos en las vueltas anteriores, le valió el primer lugar. La pesadilla de Barrichello se completó con la presión de Lewis Hamilton, pegado a su espalda. El título se le escapaba al brasileño que, de nuevo frente a su público, tenía que sufrir sobremanera. Aunque él asegure no creer en ella, su mala suerte se inició probablemente en 1996, cuando tenía a su alcance una increíble segunda posición a bordo de un poco competitivo Jordan.

En una carrera complicadísima y aderezada por la lluvia, el brasileño levantó al público de sus asientos al defenderse con uñas y dientes. Pero cometió un terrible error al salirse de la pista a muy pocas vueltas del final. Al año siguiente abandonó por problemas en la transmisión de su Stewart. En 1998, la caja de cambios de su monoplaza se detuvo en la vuelta cincuenta y siete. En el 99, volvió a abandonar por rotura del motor. En 2000, ya en la todopoderosa Ferrari, un fallo hidráulico en la vuelta veintiocho le obligó a abandonar. En 2001 se llevó por delante a Ralf Schumacher en plena frenada. En 2002, problemas hidráulicos.

En 2003, cuando iba a ganar, se quedó parado en plena pista… sin gasolina (un problema eléctrico obligó a los ingenieros a calcular a mano la carga de combustible del Ferrari, pero obviaron los prolongados períodos del coche de seguridad, y dejaron a Rubens sin carburante antes de tiempo). En 2004 logró subirse al tercer puesto del podio, pero desde entonces no lo repitió hasta ayer. Y para una vez que lo logra, no le sirve en sus aspiraciones de ser campeón del mundo. ¿Seguro que no cree en la mala suerte?

El principio del fin

El espectacular accidente de Nakajima al final de la frenada del Lago marcó el inicio de la segunda parte de la carrera. El piloto de BMW-Sauber trataba de adelantar a Kobayashi, que salía de los garajes. Pero el de Toyota volvió a defender su posición cerrándose por el interior. No se lo esperaba Nakajima, que rompió el alerón, se salió de la pista, chocó contra los guardarraíles, regresó a la pista y, finalmente, se estrelló contra los neumáticos de la escapatoria.

Sería muy fácil echarle la culpa al de Toyota, pero como dijimos antes, maniobras similares no tuvieron penalización en el pasado, y sería un flaco favor para el espectáculo penalizar por una defensa tan apasionada de la posición, pues tampoco se puede demostrar tajantemente su ilegalidad. De hecho, Barrichello hizo lo mismo vueltas más tarde, en plena lucha por el podio, cuando arrinconó a Hamilton contra el muro de los garajes. Lewis dañó el alerón delantero de su McLaren, pero la peor parte se la llevó Rubens, que sufrió un pequeño pinchazo por el que tuvo que entrar a cambiar la rueda. Es una maniobra típica en Fórmula 1 sin antecedentes claros de sanciones.

En cualquier caso, sin comerlo ni beberlo, el brasileño pasó de liderar cómodamente la carrera de su casa a caer al octavo lugar. Lewis, por su parte, sonreía de oreja a oreja al verse en el podio tras salir decimoséptimo, lo que le valió a McLaren para adelantar a Ferrari en el mundial de constructores, uno de sus principales objetivos. El año que viene, sin duda, tendrán mucho que decir desde la primera carrera.

Button, (sí, Button) campeón del mundo

La carrera, desde este punto, perdió gran parte de interés. Tan sólo el espectacular adelantamiento de Kobayashi nada más y nada menos que al Ferrari de Fisichella (por la novena posición) a sólo cinco vueltas de la bandera de cuadros, animó los últimos compases de la prueba. Las últimas paradas para repostar y reordenar la clasificación fueron un mérito trámite según pasaban las vueltas: Mark Webber primero, Kubica segundo, Hamilton tercero, Vettel cuarto y Button quinto. Un quinto lugar que le valió el campeonato mundial. De hecho, aunque hubiera abandonado, matemáticamente también habría sido campeón mundial.

Era la quinta vez que el mundial lo decidía el asfalto del autódromo José Carlos Pace, y las cámaras, los flashes, los micrófonos y los periodistas obviaron a Mark Webber y buscaron por todo el paddock al exultante Jenson Button, flamante y nuevo campeón mundial. Incluso poca atención se prestó a la televisión gigante que por primera vez presidía el fondo del podio mostrando anuncios de patrocinadores cambiantes. La rueda de prensa postcarrera quedó en el olvido.

Y es que puede que Button sólo se haya subido al podio una vez en las últimas nueve carreras, pero sigue siendo (y lo será al final de la temporada) el que más grandes premios ha ganado este año. Además, como dice Fernando Alonso, es campeón del mundo el que logra más puntos. Y así será, siempre y cuando Ecclestone no se empeñe en lo contrario.

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